Al cumplirse seis meses como madrileña de readopción, he decidido recapitular la música en vivo que me ha acompañado en este periodo, y así a lo tonto reavivo el blog.
Por circunstancias laborales, que no sólo de ocio vive el humano, han sido bastantes menos de las que hubiera querido: me he perdido conciertos de Iván Ferreiro, de Love of Lesbian, de Facto De la Fe, y de algunos más, grandes, medianos o pequeños. Pero también he descubierto nuevas bandas, he saldado viejas cuentas pendientes y me he reconciliado con los eventos “grandes”.
Ahí va mi “semestrario”:
FEBRERO
Empezaba la aventura conciertera a la par que la madrileña. De hecho, la fecha definitiva de mudanza estuvo íntimamente ligada en última instancia a una entrada ya comprada con antelación. En concreto la del concierto presentación del último trabajo de Nada Surf, para el día 14 de febrero –siempre me pareció muy poética la fecha, dadas las circunstancias-.
Tras casi una década, que se dice pronto, siendo fan de los neoyorquinos, por fin pude verlos en persona, después de al menos tres oportunidades perdidas. Y además haciendo doblete, por la mañana de gratis en Los conciertos de radio 3 y por la noche en la sala Heineken. Para ser el primer concierto al que asistía tanto de la banda como en mi recuperada etapa madrileña el sabor fue algo agridulce. No tanto por el directo en sí, que fue más que correcto, sino por algo personal; supongo que cuando algo no sucede cuando debería pierde gran parte de su valor. Y eso es lo que me pasa ahora con Nada Surf, que debí haberlos visto por primera vez hace siete años cuando era realmente fan. Y ahora, por mucho que versionen Love will tear us apart o hagan dos bises o toquen Popular por petición -nunca mejor dicho- popular, o hagan un concierto realmente bueno –que lo fue-, pues no me llenan. Cosas de la edad…
MARZO
Casi un mes después pude tachar otra asignatura pendiente: La Casa Azul. Debo reconocer y reconozco que soy una neofan, que hace un año no sentía esta idolatración por Guille Milkyway ni de lejos, aunque conozco al “grupo” desde sus inicios con ese Cerca de Shibuya que nunca dejará de parecerme un temazo. Pero todos los hechos acontecidos alrededor de LCA desde la publicación de La Revolución Sexual sacaron a la groupie que albergo, que llegó a su máximo esplendor en este concierto.
Todo empezó como en una película, con serias dificultades. La candidatura de Guille a Eurovisión hizo que surgiesen neofanes a decenas –no iba a ser yo sola- y se agotasen las entradas semanas antes del concierto, con mi consiguiente disgusto. Pero lo que Eurovisión te quita, Eurovisión te lo da, y al quedar finalista para dicho concurso y solaparse la fecha del concierto con la de la final televisada, se pospuso el primero para dos días después, con lo que hubo devoluciones de entradas de las que me beneficié milagrosamente. Por ello iba doblemente contenta aquel 10 de marzo a Joy Eslava, porque iba a ser mi primera vez con Guille y porque sabía lo que me había costado conseguirlo.
Salvando las nada proclives circunstancias –demasiado aforo, que hacía realmente asfixiante el ambiente, además de cierta gente entre el público que no pegaba mucho allí- el concierto fue en realidad conciertazo, con una puesta en escena simple pero muy resultona, con una interpretación de las canciones muy correcta, y con una conexión con el público genial, por mucho que se niegue a reconocerlo, en realidad nos encanta cuando habla entre canción y canción y cuenta cosas que, sin venir al caso, consiguen que le adoremos un poco más.
Casi de manera increíble conseguí sobrevivir a la falta de oxígeno que se “respiraba” en aquella sala y pude volver a ver a Guille en dos ocasiones más, ambas gratuitas gracias a fiestas populares, y siempre con la misma conclusión: me encanta todo lo que haga este hombre.
El mes acababa perdiéndome una de las citas que más espero, otra asignatura pendiente que felizmente acabo de solventar en el Sonorama: Iván Ferreiro. Curiosa mi relación con este chico, ya que a mí nunca me gustaron demasiado Los Piratas y la única vez que le he visto sobre un escenario fue en la colaboración con Sexy Sadie en su décimo aniversario y me llevé la impresión de que estaba bastante mal de lo suyo. Pero Canciones para el tiempo y la distancia me abrió los ojos a unas letras de las que a mí me llegan, duras, llenas de dolores y rencor, pero con un guiño a la esperanza.
Pero una vez más por incompatibilidad horaria hube de renunciar a asistir al evento.
(continuará)


